La vida que viene.

Yo pensaba que al borrar de mi vida redes sociales, fotografías, y todo rastro que me vinculara con él, este proceso sería más sencillo, pero ¿cómo puede ser eso posible?, suena hasta cierto punto ilógico, fueron casi 7 años, no importa cuanto tiempo me la pase negando y huyendo, los recuerdos siguen conmigo, están en mi mente, en mi corazón, y en cada lugar que compartimos.

A veces quisiera salir corriendo, correr y correr hasta que la memoria desaparezca o lo haga yo, lo que suceda primero, pero es imposible, porque estoy segura que aún en el rincón más escondido del mundo, algo me va a recordad a él.

Creo que no me queda más que abrazar el recuerdo.

Todos alguna vez hemos sentido ese miedo a olvidar algo o a alguien que fue importante para nosotros, la voz de algún familiar muerto, el caminar de ese amigo que también se fue, pero lo que más temo en este momento, es no poder olvidar, y vivir con ese eco en mi mente, sin poder hacer.

Los procesos de duelo son un sube y baja, un día puedes creer que todo está bien y que es perfecto, al otro día despiertas y solo quieres escuchar su voz por la mañana riendo, o las quejas que siempre se asoman por las noches, antes de dormir, y que terminan en un "vamos a salir adelante" 

A lo mejor la vida es eso, vivir amando para luego perder, y saber que puedes seguir amando, aunque ya no sea, ver las fotos y sonreír o llorar o ambas, y al final recordar que sigues amando, a lo mejor ese es el significado de todo, amar tanto las cosas, que aceptar que a veces, se tienen que ir, pero que eso no hace que sea menos importante o que ames menos.

La idea de la eternidad es muy romántica, supongo que a veces lo mal interpretamos. Eternamente te amaré, aunque no vuelva a escuchar tu voz, aunque pase una vida y no te vuelva a ver, incluso aunque te vea por las calles con ese nuevo amor, eso es la eternidad. Amarlo, sin sufrirlo, solo amarlo, recordarlo, abrazarlo, vivirlo a la distancia.

Cada vez que recuerdo algo bonito y también algo que me ha lastimado, solo pienso en enviarle mi amor, en pedir perdón por lo que tenga que pedir perdón, y dejar que la vida haga con él, lo que es para él. Y si la vida, algún día se apiada de mi amor, lo regresará a mí, cuando seamos consientes, maduros, capaces, y sobre todo, valientes.

Valientes para aceptar que somos personas diferentes, valientes ver más allá de lo que la mente quiere que creamos, valientes para no temer estar juntos, para no tener amarnos como somos, valientes para no atar, para cuidar sin cortar la libertad, valientes para recibir honestidad y valentía para serlo, valientes para saber que las mentiras enferman el alma, valientes para amar sin esperar a ser amados, pero sabiendo que lo somos.

A mí me hizo falta mucha valentía para aceptar la libertad, para aceptar que las cosas no siempre tienen que ser como yo las pienso o planeo, me hace falta valentía para saber que las personas me pueden amar tal y como soy.
A él le hizo falta valentía para quedarse, para descubrirse realmente, para saber que la verdad es libertad, valentía para saber que lo podía amar, valentía para saber que no hay afuera nada más, que no tenga el ya dentro de sí.
A los dos nos hizo falta valentía para amarnos a nosotros mismos, para saber compartir la vida si agobiarla, nos hizo falta valentía para entender la soledad del otro, valentía para dar sin esperar nada a cambio, valentía para quedarnos.

El miedo, es el enemigo del amor, y si no somos valientes para vencerlos, más adelante sabremos todo lo que se perdió. Podemos sentir que ganamos de nuevo, pero sería solo una ilusión, sino vencemos el miedo.



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